La fricción vive en la operación, no en el comité
Las fricciones reales las conocen quienes ejecutan: el analista que reprocesa un trámite, el supervisor que concilia a mano, el asesor que pierde una venta por un tiempo de respuesta.
El primer trabajo es levantarlas con esas personas, en su lenguaje, sin pedirles que propongan la solución.
Priorizar con dos ejes
No todas las fricciones merecen un piloto. Las ordenamos en una matriz de impacto contra viabilidad, y elegimos las que mueven un indicador conocido y se pueden probar sin tocar el núcleo de la operación.
El resultado de esa priorización es un desafío: un enunciado corto con alcance, dueño interno, criterios de éxito y el indicador que se va a mover.
Un desafío bien escrito atrae mejores soluciones
Cuando el desafío está bien definido, el match con las startups deja de ser una búsqueda por categoría y se vuelve una comparación por capacidad real de entrega.
Y cuando el piloto termina, la decisión es sencilla, porque el criterio se acordó antes de empezar y no después de ver los resultados.